Fue divertido, las luces de la ciudad, los tragos, bailes, risas. Todo desapareció en diciembre, no se puede contener, lo necesitamos. El sábado en la noche, cinco pantalones rotos y cuatro camisas a cuadro, por fin nos divertimos, música y mas. Una gran fiesta en la ciudad. Pero cuando nos apartamos del grupo, tomamos el autobús y nos fuimos muy lejos y rápidamente.
A la orilla del mar encontramos el piano que imaginabamos hace mucho. Vimos el gran amanecer, y como el sol trataba de salir, era gracioso porque esas nubes grises se interponían. Y me gusto la idea de salir de una locura a algo tan relajante como este lugar.
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